Discurso de instalaci

(recibido por correo)

Desde que vengo participando en la creación de la APCQ parece que el « timing » está mejorando para toda clase de organizaciones e iniciativas colombiana en el exterior. Reproduzco aquí el texto completo de éste discurso, recibido por email por una de mis colegas en la APCQ.

DISCURSO DE INSTALACIÓN MINISTRA DE RELACIONES EXTERIORES, DOCTORA CAROLINA BARCO EN EL SEMINARIO DE COLOMBIANOS EN EL EXTERIOR

Es muy grato para mí constatar hoy, ante esta numerosa asistencia, el vínculo tan importante que nos une con nuestras comunidades en el exterior. El hecho de reunirnos durante dos días a reflexionar sobre la temática migratoria colombiana y la gran acogida que ha tenido este seminario, son una clara muestra del reconocimiento de estas comunidades como parte vital de la nación y el interés no sólo del gobierno, sino de los diferentes sectores del país en fortalecer ese vínculo y generar beneficios mutuos.

Hablar de colombianos radicados en el exterior es tocar una fibra muy sensible. Cada uno de nosotros tiene algún conocido o un ser querido viviendo afuera, ya sea por aspectos laborales, de estudios, o por las difíciles circunstancias del país, que ha emigrado en busca de mejores oportunidades.

Se calcula que hay entre cuatro y cinco millones de colombianos radicados en el exterior, lo cual equivale al 10 por ciento de la población del país, cifra que es muy significativa. Estos colombianos trabajan arduamente por salir adelante en las sociedades donde se han instalado y aspiramos a que conserven su nacionalidad con orgullo, por cuanto en su actividad diaria mantienen lazos fundamentales con la familia y se convierten en un grupo de gran potencial para contribuir al desarrollo social y económico del país. Son nuestros embajadores y representan el capital humano de Colombia en el exterior.

A pesar del potencial de esta comunidad, muchos la reducen simplemente a cifras económicas, específicamente al tema de las remesas. Efectivamente, si nos remitimos a las proyecciones que existen para el 2003 se calcula que éstas pueden llegar a ser del orden de los 3000 millones de dólares, convirtiéndose en la segunda fuente de divisas para el país después del petróleo y representando el 2.5 puntos del PIB. Adicionalmente, del recibo oportuno de estos giros dependen 3 millones de familias colombianas.

Las cifras nos sorprenden y se convierten en un punto de atención: detrás de cada dólar remitido hay largas jornadas de trabajo y un enorme esfuerzo que en el proceso de intermediación de envío se encuentra con muchos obstáculos y con costos que encarecen aún más el sacrificio realizado. Existen en promedio siete envíos al año, cada uno de ellos de aproximadamente US$250. Es en gestiones para bajar estos altos costos y resolver otros temas neurálgicos como el de la protección laboral y social, acuerdos migratorios, homologación de títulos o reducción de trámites, en donde tenemos un gran desafío.

¿Pero quiénes son, cómo viven, qué hacen, de dónde salieron, por qué se fueron y cuáles son las expectativas de esos miles de colombianos que han salido del país? Tenemos información al respecto, pero también muchos vacíos. Sabemos que esta migración se ha diversificado en la última década y abarca nuevos grupos sociales, los cuales aspiramos a convocar a través de este programa, reconociendo que esa comunidad es parte vital de la nación y por lo tanto debe ser incluida dentro de las políticas de Estado, al buscar los mecanismos para que se fortalezca su relación con el país. Esto significa un camino de doble vía: se requiere de la decidida actuación del gobierno, así como de la confianza y comunicación que nos depositen los colombianos en el exterior. A este respecto, queremos realizar gestiones tendientes a propiciar el mejoramiento de sus condiciones de vida y su proceso de inserción en las sociedades receptoras, sin perder sus vínculos con el país.

Lo anterior se ha logrado ya como política pública, al quedar incluida en el Plan Nacional de Desarrollo y aspiramos a que se convierta en una política de Estado que trascienda estos 4 años.

En resumen, el programa “Colombia Nos Une” apunta a formular una política integral hacia estas comunidades, buscando ante todo identificarlas, caracterizarlas y conectarlas entre sí y con el país. Esto significa propiciar su asociación para que se fortalezcan y aúnen esfuerzos (tenemos identificadas 410 asociaciones), servir de facilitadores en asuntos que tienden a mejorar sus condiciones de vida en los países de residencia, agilizar los trámites consulares (pasaportes, libreta militar, registro civil o certificados de supervivencia) y fortalecer la asistencia social y jurídica que se les viene prestando a través de los consulados.

Hemos dado ya los primeros pasos. Me he reunido con representantes de la comunidad colombiana en varios países y con entidades competentes para estudiar la manera de mejorarle la vida a esa comunidad. El equipo de la Cancillería ha establecido comunicaciones con distintas asociaciones y ha recolectado documentación sobre el tema. Igualmente se ha conformado un comité académico de estudio sobre la temática migratoria colombiana del cual hacen parte siete universidades y se han analizado casos exitosos de otros países como España, México, El Salvador o el Perú, que hoy nos acompañan para compartir con nosotros sus experiencias.

Contamos también con la presencia de prestigiosos académicos, expertos en estos temas, como son Luís Eduardo Guarnizo, de la Universidad de California, Milena Gómez, de la Universidad de Columbia y Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de la Florida.

Queremos que este seminario no sea solamente el marco para el lanzamiento del programa “Colombia Nos Une”, sino un paso fundamental que contribuya a construir un pensamiento en torno al tema migratorio como parte del fenómeno mundial y del proceso del transnacionalismo, y llegar a concretar propuestas que permitan elaborar un Plan de Acción. Para eso hemos organizado las siguientes 9 mesas de trabajo que recogen los temas más relevantes: participación económica, protección social, participación política, redes transnacionales formales e informales, educación, cultura y servicio y asistencia a connacionales en el exterior.

Debemos reconocer de antemano que no tenemos la capacidad para dar todas las soluciones, pero sí tenemos la responsabilidad y el deber de facilitar el encuentro, de propiciar la cercanía y, en lo que compete directamente al Ministerio y al gobierno en general, de empezar a proporcionar respuestas efectivas.

Lo que nos une es Colombia, de ahí que el nombre del mismo programa remita a un juego de palabras que leído de las dos maneras le da su sentido: “Colombia Nos Une” y “Colombianos Une”.